Los sistemas electrónicos invadieron las oficinas, obligando a los sistemas de seguridad a evolucionar para acompañar el despliegue de dichas herramientas.
Y la irrupción de Internet (una amplia red pública con pocas reglas y casi sin guardianes), a la cual acceden millones de usuarios completó un cuadro de situación en el que la ausencia de una adecuada protección de los activos de la información es el caldo de cultivo ideal para la consumación de todo tipo de delitos. |